Calista
El ambiente siguió igual de tenso como las dos personas que me acompañaban, quería dar por terminada la reunión y marcharnos de ahí. Pero tampoco encontraba las palabras adecuadas para excusarnos.
—¿Cómo está la señora Bryony? He oído por mi padre que está muy enferma.
Dejé la taza de chocolate sobre la mesa y de reojo miré a mi esposo quien se entretuvo con su móvil en lo que conversaba con Ulises, pareciendo desinteresado cuando sabía que tenía la atención puesta en cada uno de nuest