Capítulo 25

Calista

La conversación con mi padre sólo logró ponerme de mal humor, la falta de compresión me molestaba a tal grado que ni siquiera quería volver a hablar con él, ni con madre, quien siempre trataba de justificarlo.

El teléfono sonó y lo descolgué de inmediato, era mi secretaria.

—Señora Vasileiou, el señor Michailidis está aquí y pide ser recibido —arrugué el entrecejo sin saber quién era.

—¿Quién? —No iba a recibir a nadie que no supiera quién era.

—El señor Andreus Michailidis, primo
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