Calista
Las puertas del comedor se abrieron dándome paso, mirando a todos los que se encontraban ahí. La señora Aricia, Alida y su esposo, a quien le desconocía su nombre. Me resultaba bastante extraño ese hombre, siempre callado como si no tuviera voz en esta casa.
—Buenas noches —saludé recibiendo el saludo de vuelta por parte de todos, a excepción de Alysa.
Me senté en la silla que Aetos designó para mi, a mi lado se encontraba mi suegra, de frente Alida, su esposo, una silla vacía que er