Calista
Alcancé a escuchar a Aetos dando órdenes sobre qué hacer con el cadáver y la limpieza para eliminar las huellas que pudieran involucrarnos en el caso. Pasaron alrededor de dos horas hasta que salimos de aquel lugar, con la voz de mi consciencia recriminándome por lo que había hecho.
—¿Sucede algo? —me preguntó él envolviéndome en sus brazos y pegándome a su pecho.
—No, es sólo que... —no puede terminar de hablar porque no encontraba una palabra que abarcara ese sabor amargo y ese sen