Calista
Solté una pequeña carcajada ante sus palabras sin sentir ni una pizca de miedo porque buscaran una anulación del testamento o quitarme esas acciones de la empresa cuando no eran ni mías puesto que su propietario aún vivía.
—Y ya que andas contando viejas historias, Cristel, ¿le has contado a tu prometido lo mucho que lloraste porque Aetos no te quiso a ti? ¿Lo que le lloraste a nuestros padres para que convencieran a mi esposo que se casara contigo?
Apuesto a que no —volví a reír ante