—Por favor, déjalo—, gimió ella, cubriéndose la cara con las manos. —No sé dónde lo has oído, pero estoy segura de que te equivocas.
—Ellie, él me dijo explícitamente, con esas mismas palabras, que empaquetara tus cosas. Te mudas con él. Acéptalo.
—No quiero. Te he hablado de mi familia. ¿Crees que volveré a ser feliz confiando en alguien?—, suplicó. Vio que Gail se ablandaba.
—Supongo que no. Pero es un hijo de puta testarudo. Ya sabes, siendo director general y todo eso. Tendrás que hablarlo