Cyril apoyó la copa y se frotó la frente, como si quisiera arreglar con la mano un cielo encapotado.
—Entonces es verdad —dijo con una media sonrisa incrédula—. Una mujer anda por ahí con dos hijos tuyos en la barriga. Gemelos, nada menos. —Chasqueó la lengua—. Qué jodida ironía: tú, el hombre que lo controla todo, convertido en padre por accidente.
Eric lo fulminó con la mirada, pero Cyril no se movió.
—Mírame —continuó—. Tienes que dejar de pensar en sentimentalismos y ver esto como lo que es