Andrew cerró la puerta de la habitación de invitados, dejó la maleta abierta sobre la cama y se sentó en el borde del colchón, exhausto. El día había sido largo, demasiado largo: el vuelo transatlántico, la llegada sorpresa, el almuerzo tenso donde cada palabra parecía una mina, y luego la tarde entera con Eric y Amanda orbitando el uno al otro como planetas en colisión inminente.
Se pasó las manos por el cabello negro, soltándose la coleta que llevaba todo el día. No podían llevarse peor. Era i