Eric se despertó sobresaltado cuando escuchó la puerta abrirse. No fue un ruido fuerte, pero su cuerpo reaccionó como si lo hubieran sacudido.
Levantó la cabeza de golpe y tardó un segundo en ubicarse. La habitación blanca, el monitor, el olor del hospital. La silla dura bajo su cuerpo. Entonces miró hacia la cama.
Vacía.
La enfermera, una mujer de unos cincuenta años con el cabello recogido bajo la cofia, se detuvo en seco al ver la cama sin Amanda.
—¿Dónde está la señora? —preguntó, mirando p