Amanda dejó a su madre en la entrada del centro de día poco después de las nueve. El edificio era modesto pero limpio, con ventanas amplias que dejaban ver a varias personas mayores en actividades de la mañana.
La enfermera de turno la saludó con familiaridad y Amanda acompañó a su madre hasta la sala principal, donde un grupo hacía ejercicios suaves de estiramiento. La ayudó a sentarse, le acomodó el cabello y le dio un beso en la frente. La mujer sonrió, perdida pero tranquila, y Amanda agrad