Eric se enteró del arresto de Abel en un pasillo del hospital, de pie, con el móvil todavía en la mano y la espalda apoyada contra la pared, mientras una enfermera pasaba empujando un carro de material sin prestarle la menor atención.
Andrew fue quien se lo dijo, con la voz baja, tensa, como si aún no terminara de creerlo.
—Lo tienen ingresado aquí. Llegó hace menos de una hora. Está bajo custodia.
Eric no preguntó nada más.
No necesitó saber en qué planta, ni en qué ala, ni en qué habitación.