La puerta metálica se abrió con un chirrido bajo y, durante un segundo, Eric no supo muy bien qué hacer con el espacio que apareció delante de él. Era de madrugada.
Andrew estaba allí, de pie junto a un hombre de traje oscuro que guardaba unos papeles en un maletín con gesto mecánico. El abogado fue el primero en hablar.
—Ya está todo —dijo—. La fianza ha sido aceptada. Tendrá que presentarse cuando se le cite. Yo me encargo de todo lo demás.
Eric asintió sin mirarlo apenas. Andrew fue el que d