En la tranquila oscuridad de la habitación, Darius yacía en la cama mientras Isabella dormía plácidamente a su lado. Sin embargo, su sueño fue interrumpido por un sonido familiar que resonaba en lo profundo de su ser: el llamado de la manada.
Con los ojos abiertos en la penumbra, Darius sintió cómo la emoción lo invadía mientras escuchaba el aullido de los suyos, una melodía que transmitía un mensaje de liberación y renovación. Sabía en su corazón que la maldición que había afligido a la manada