Isabella.
Estar sin noticias fue una total tortura para mí. Los brazos me dolieron, el cuerpo entero tenía una tensión en cada espacio como si al igual que yo se negara a oir alguna negativa de parte de los médicos, los cuales ya tenían dos horas desde que se lo habían llevado al quirófano.
Lo único que supe fue la falta de donantes de sangre, a lo que sus amigos fueron los primeros en ofrecerse. Su tipo de sangre era común, por lo que no hubo problema, pero al regresar no se supo más.
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