Aiden.
Estaba sufriendo y pensando en todo el placer que las paredes apretadas de Isabella me estaban brindando a la vez. Sus ojos apenas se habían abierto, pero al hacerle ver que una inexistente noche de bodas me tenía molesto. Quería volver a sentir como me ahogaba entre gemidos y no se resistió a sus instintos tampoco.
Dejando que sus piernas me aprisionaran, en tanto mi pelvis atropellaba su coño con intensidad. Estaba al borde y ella ya se había corrido. Con los latigazos de éxtasis no p