La sirvienta le pone un plato, cubiertos y una servilleta de tela en frente a Otsana, quien se queda rígida en su lugar al no saber cómo usarlos.
La mujer uniformada disimula una sonrisa de satisfacción porque sabe que ella hará el ridículo. Quizás esa haya sido la verdadera intención del alfa al sentarla junto a él en la mesa, demostrar que los esclavos solo son unos animales salvajes sin una pizca de civilización.
—¿Qué deseas comer, pequeña loba? —inquiere él con una amabilidad que le provoc