POV: Cristina Sousa
La sed me despertó de madrugada.
Llevaba tres meses en la Mansión Stinson. Los hematomas morados de mi cuerpo habían desaparecido, y los dolores de aquel infierno en España eran ahora solo tirones soportables cuando me movía demasiado rápido. La casa estaba en absoluto silencio. Isabel dormía profundamente en la cuna, respirando despacio.
Yo sabía la regla: mi mundo era el segundo piso. Pero la jarra de agua de la habitación infantil estaba vacía.
Tragué saliva, destrabé