Sollozando incontroladamente, se impulsó para sentarse.
—Contrólate —se ordenó a sí misma—. Sal de aquí.
Un trueno estalló en lo alto sobresaltándola. El barco se balanceó violentamente con el sonido de las olas que chocaban contra el casco. El teléfono se deslizó por la encimera y cayó en el fregadero. Se puso en pie con cuidado y dio un salto hasta la encimera.
Cogió el teléfono con las manos atadas y lo encendió. Marcó el número y pulsó el botón del altavoz.
—Hola —fue la respuesta.
—¡R