Otra ola golpea el barco y casi lo vuelca. Se agarró a la barandilla para no ser arrojada por la borda y aterrizó en el suelo de la embarcación. Se abrazó a sí misma para entrar en calor y se acurrucó contra la borda.
Este barco no va a durar mucho más, pensó. Si me meto en el agua, tampoco lo haré. Arrastrándose por la cubierta, llegó a la parte trasera del barco donde encontró un asiento con un compartimento debajo. Levantó la tapa.
—Por fin, un respiro…
Sacó un chaleco salvavidas y un est