El semáforo se puso en verde y el Mustang salió disparado por la intersección. Ray aceleró a un ritmo más lento. Cuando entraron en su aparcamiento, Janeth estaba dormida con la cabeza apoyada en la ventanilla.
Sonrió, porque se veía bonita. El cabello le caía en el rostro y le daba mucha pena despertarla, pero debía irse pronto.
—Janeth. —Le tocó el hombro—. Nena, ya estamos en casa.
Sentada, se frotó una mano en la cara.
—Lo siento, no sé por qué estoy tan cansada —mintió.
Eso no era exactame