Valentina De Rosa
—Eres muy exigente—le habló suavemente a Amelia, quien acababa de dormirse tras una toma de leche.
Acaricio su pequeña nariz y ella frunce ligeramente su ceño recordándome tanto a Adrián.
Había pasado ya dos semanas del nacimiento de Amelia y en el momento que las rutas se establecieron, llevamos a Amelia a la clínica para su chequeo y para que le inyectaran sus vacunas, además, también para que me revisaran tras el parto.
Amelia había nacido muy sana, dentro de su peso y e