Valentina De Rosa
Un estruendo me hace mirar brevemente hacia la ventana.
Afuera había una tormenta.
Una gran tormenta azotaba la ciudad sin piedad alguna.
Hace unas horas se había ido la electricidad, pero gracias a los generadores de la mansión, podemos tener luz en esta tormenta.
Salgo de la cama y me envuelvo en una bata de dormir para luego bajar en busca de Adrián.
En el momento que estoy frente a la puerta del despacho de Adrián, me detengo cuando escucho un nombre en particular.
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