El temor se apodero de Alessandro al ver los dos puntos tan cerca uno del otro, cuando quiso caminar hacia el lugar, el disparo se escuchó y él sudó frío al pensar que la herida había sido su esposa. Angustiado, caminó hacia el lugar, donde su esposa sonreía con malicia.
— Que buena puntería, señor — se burla Kim alejándose del espejo que recién había cambiado de lugar, para no ser alcanzada por la bala.
— ¡Maldita perra, me las vas a pagar! — grita Dante molesto.
— Yo no he hecho algo, fuiste