Alessandro besa a Kim, antes que la conversación se vuelva más larga. Si algo estaba seguro Alessandro, era que sabía cómo relajar a su esposa. Por lo que, iba a usar sus tácticas deseando cerrar el capítulo amargo de los celos que la posesividad de ambos, había causado.
— No voy a caer, Delacroix. Aunque no lo creas, no todo el tiempo estoy interesada en tus juegos — dice Kim cruzándose de brazos.
— Entiendo lo que dices. Soy yo quien siempre te busca. Yo no te provoco ni un mal pensamiento,