Alessandro intenta respirar profundo para controlar el deseo que le causa agitación y un hormigueo demasiado desesperante. Kim, quien solo esperaba que su esposo atacara, cruza sus piernas, mientras finge planchar su blusa.
— Sal — dice Alessandro y de inmediato, el conductor parquea el auto y corre lejos del auto, como si hubiese una bomba a punto de estallar.
Y eso eran sus jefes. Dos bombas que estallaba mediante gemidos y orgasmos que siempre terminaban dejando evidencia en las sábanas o ro