Estábamos en medio de un encuentro íntimo que no necesitaba de nuestras entrepierna, para sentirnos unidos. Era un sentimiento único que me hacía sentir que soportar tanto, había valido la pena.
Porque no estaba luchando sola, él también lo hacía a su manera y ahora, estábamos uniéndonos para recargarnos. Para recuperarnos de los dolores que su familia, nos había causado.
— Debes marcharte, no podemos exponernos así — digo intentando separarme de él y es allí cuando deja de abrazarme, para besar