Mentirle a Sienna en la cara era mucho más difícil de lo que imaginé. Especialmente porque su rostro era idéntico al mío.
Eran las seis de la tarde del jueves. Mi habitación era un campo de batalla. Había ropa tirada por todas partes en un intento desesperado por encontrar algo que me quedara bien.
—No me cierra —gruñí, mirándome en el espejo de cuerpo entero.
Intentaba subir el cierre de un vestido verde esmeralda que usé hace solo dos meses. No cerraba. Mi estómago, normalmente plano, estaba