El estruendo de la puerta del coche cerrándose y alejándose me hizo entender lo que estaba sucediendo.
El shock me golpeó con fuerza.
Entonces... ella ya no estaba frente a mí. Se había ido.
Las luces del coche aún brillaban a lo lejos, llevándose al amor de mi vida.
Sentí la mano de Liliana en mi espalda, pero mi cabeza aún procesaba aquellas palabras: "Nunca debimos conocernos."
La voz de Dayanara me sacó de mi parálisis.
—Leo, ¿qué haces aquí? Vamos, tienes que terminar el evento.
Pasé una m