En su cama, en su habitación, las gotas de sudor resbalan por mi piel. Mis jadeos se mezclan con el sonido de su cuerpo chocando contra el mío, una y otra vez. Es una sensación nueva, intensa, sin dolor. Me embriaga su aroma y la forma en que me toma. Su boca recorre mi piel, su lengua fría atrapa mis pezones, arrancándome gemidos sin control. Algo que nunca hice con Ángel... lo estoy haciendo con mi jefe.
—Shhh...— su aliento caliente choca contra mis labios
—¿Te gusta tanto como a mí, Georgin