Bajar las escaleras de la mansión se sentía como una expedición solitaria al Everest después de la cirugía, pero el hambre atroz y el deseo incontrolable de estar con mi hijo pudieron más que los puntos y el dolor punzante en mi abdomen. Cuando finalmente llegué al comedor, la escena que encontré parecía sacada de una comedia de enredos de mal gusto.
Allí estaba la "familia" en pleno: Leo estaba sentado en su silla alta, intentando convencer a una rodaja de zanahoria de que era un avión supersó