59. celos
Nueva York, esa tarde el cielo se volvió naranja descolorido, barriendo las ventanas de la lujosa casa del segundo piso.
Sandra estaba sentada en un suave sofá color crema, con la mano todavía sosteniendo el biberón de leche con el que amamantaba a Álvaro. El bebé ahora estaba profundamente dormido en la cuna de madera blanca colocada cerca de la ventana, su carita parecía tranquila, sus labios fruncidos como si todavía estuviera pegado al pezón de su madre.
Sandra lo miró fijamente durante un