Al poco tiempo, la casa de Mariana se transformó en un mar de flores, con Yolanda trayendo casi todas las rosas de Yacuanagua.
En ese momento, ella estaba en el balcón, contemplando las rosas en el jardín delantero y trasero, sumida en un dulce pensamiento: «Con una amiga tan buena, ¿por qué debería sufrir por un hombre que no importa?»
En la sala de estar del primer piso, Tobías, que acababa de llegar del trabajo, miraba las rosas por toda la casa, rascándose la cabeza, desconcertado. —¿Qué pas