Mariana no esperaba que Walter la retuviera para desayunar, pero su corazón ya anhelaba escapar de ese lugar. Sacudió la cabeza, apartando su mano, y rechazó: —No es necesario. Ya te causé demasiados problemas.
La mano de Walter se dejó caer suavemente mientras la veía salir de la habitación, pero sus pasos la siguieron inconscientemente, como atraídos por un imán.
—Mariana, sé que estos tres años has soportado muchas injusticias. Espero que después del divorcio podamos mantener la dignidad y no