Jimena miraba por la ventana cuando un trueno ensordecedor retumbó, seguido de un relámpago que parecía rasgar el cielo. Jadeó sobresaltada, y murmuró: —Eso realmente me asustó...
Walter miró hacia arriba y frunció el ceño, lleno de preocupación.
Al pasar junto al coche de Mariana, la lluvia caía a cántaros, permitiéndole sólo vislumbrarla apoyada sobre el volante.
Al cabo de un buen rato, el Pagani seguía sin moverse.
En ese momento, Mariana, acurrucada sobre el volante, se cubría las orejas in