Los ojos de Abril estaban tan rojos como cerezas maduras, y la tristeza en su interior era casi insoportable. Ella entendía todo, pero...
—Walter, ¿cómo vas a enfrentarte a ella...?
Walter bajaba la cabeza, mostrando un cansancio indescriptible. Su voz era ligera, como una pluma flotando en el aire: —Le compensaré. No importa lo que quiera, haré todo lo posible por satisfacerla.
Tan pronto como las palabras salieron de su boca, la puerta del cuarto se abrió y se reveló Mariana con un vestido bla