—¿Qué estás diciendo? ¡Ella debe venir!
Walter levantó la vista y su mirada se posó en la pared vacía detrás del sofá, con las palabras de Mariana resonando en su mente como un eco: —Walter, no vuelvas a buscarme.
Tomó aire profundamente y, como si hubiera tomado una decisión, confesó: —Abuela, tengo que decirte que entre Mariana y yo... tuvimos problemas. Nosotros... planeamos divorciarnos.
Al escuchar eso, Nerea se quedó estupefacta y luego su ira estalló como un volcán. —¡Eres un desgraciado