Mariana parpadeó.
Vio a Yolanda asentir y luego agarrar el brazo de Mariana, esperando que Mariana la acompañara.
—Está bien.
Reservaron un restaurante privado de treinta pisos.
Tenía mucha privacidad, desde el estacionamiento subterráneo hasta llegar en el ascensor, sin encontrarse con nadie.
Al abrir las puertas del ascensor, estaba directamente la entrada del restaurante.
Un camarero las guió hacia adentro, señalando hacia la izquierda una habitación.
—Gracias —Ana asintió, indicando que podí