El cuerpo de Mariana se detuvo de repente y luego comenzó a caer.
—¡Mariana! —gritó Walter, estirando la mano para agarrar la cuerda.
Mariana quedó suspendida en el aire mientras Walter, arrastrado por la cuerda, logró detenerse al borde de la plataforma.
Mariana levantó la cabeza, respirando con dificultad, y miró a Walter con pánico.
—No tengas miedo —le dijo él, intentando tranquilizarla.
Ella vio cómo él apretaba la cuerda y la comenzaba a levantar.
Su corazón latía con dolor, como si lo est