Pero la pelota, lamentablemente, seguía sin entrar en el hoyo.
—Tranquila, no te apures —susurró Serafín a su lado, tratando de calmarla.
Mariana asintió con una sonrisa dirigida hacia él.
Esa sonrisa provocó un tirón en el corazón de Walter, pero pronto recuperó la compostura.
¿Desde cuándo comenzaba a preocuparse por Mariana? ¿No debería estar concentrado en Jimena en ese momento?
Mientras tanto, Jimena movió rápidamente su palo y logró meter la pelota en el hoyo. Cada movimiento fue preciso y