Al salir del edificio, la fina lluvia cayó sobre las mejillas de Mariana. Ella extendió las manos para atrapar las gotas.
En realidad, a Mariana le gustaban los días lluviosos, siempre que no hubiera tormentas.
Como ahora.
La gente caminaba sin prisa, disfrutando de ese momento tranquilo y agradable.
Mariana salió del vestíbulo y las gotas de lluvia cayeron sobre sus hombros. La sensación fría y húmeda le resultaba indescriptible.
Mariana levantó el rostro, dejando que las delicadas gotas de llu