El sudor caía nerviosamente de la frente de Lucas.
Apretó los dientes, mirando a Mariana: —¡Bien! Mariana, esto es lo que tú elegiste.
—¡Hoy, si te atreves a tomarme este dedo, te haré pagar el precio! —Su tono y mirada estaban llenos de amenazas.
Mariana entrecerró los ojos: Él realmente no podía permitirse perder.
—Uf, ¿todavía amenazas? —Jacob murmuró con desdén.
Lucas apretó el cuchillo y la puso sobre el capó del coche.
Todos observaban la escena.
Mariana, con los brazos cruzados, descansab