—Sí.
Mariana recogió su cabello y lo sujetó con un sencillo pasador. Se quitó las gafas de sol y las colocó en su cabello, revelando un rostro tan hermoso que parecía ser el centro de atención de la multitud.
Estaba a punto de ordenar cuando sonrió con picardía y preguntó: —¿Hoy pagas tú, exmarido?
A Walter no le agradó mucho ese término, pero respondió: —Claro.
Mariana sonrió feliz al escucharlo y ordenó todos los platos recomendados del menú sin dudarlo.
Después, le pasó la carta a Walter y di