Las gotas de lluvia caían como lágrimas silenciosas, golpeando continuamente la ventana, creando una melodía monótona y molesta en la quietud.
—Tengo algo que hacer, voy a salir —dijo Walter de repente. Se levantó rápidamente, tomó su abrigo y se dirigió hacia la puerta.
—Apenas te sentaste y ya te vas —murmuró Agustín, con un tono que revelaba una ligera insatisfacción y confusión.
En la entrada del departamento de hospitalización...
Mariana miraba la lluvia torrencial frente a ella y suspiraba