—¡Eres una mujer horrible! ¡Despreciable!
Jimena rugía mientras seguía golpeando.
Pero Mariana reaccionó rápidamente, la agarró por la muñeca y la empujó con fuerza. Su rostro, normalmente hermoso, estaba ahora dominado por una expresión de furia que la hacía ver especialmente feroz. —¡¿No tienes suficiente?!
El grito resonó en la oficina, y de inmediato todo se quedó en silencio.
Jimena perdió el equilibrio y cayó al suelo, su rostro enrojeciendo de vergüenza y rabia. Su blusa había perdido dos