Ese pregunta, ni siquiera Walter podía encontrarle respuesta.
Mariana esperó un buen rato sin obtener una réplica, así que decidió cambiar de táctica y preguntó de nuevo: —¿O es que ya no quieres el divorcio?
Pero Walter seguía con la boca cerrada, sin decir una sola palabra.
En medio del silencio insoportable, la actitud de Mariana fue pasando de ser juguetona a volverse seria.
El aire en la habitación parecía haberse congelado, con una atmósfera tan tranquila que sólo se oían sus respiraciones