Ella está fuera de tu alcance
Ella está fuera de tu alcance
Por: Clara
Capítulo 1
—Mariana, no te hagas ilusiones de que te amaré.

El hombre la agarró del cuello, empujándola contra el sofá y la insultó con una cara llena de disgusto: —Mi paciencia contigo ya llegó al límite, así que te aconsejo que te portes bien. ¡En seis meses nos divorciaremos!

—De verdad no empujé a Jimena... ¡Fue ella misma quien cayó en la piscina!

Mariana Chávez tenía la voz débil y estaba empapada hasta los huesos, con su cuerpo delgado temblando sin cesar, mostrando que aún no se había recuperado del miedo de haber caído al agua hace un momento.

—No te justifiques más. ¡Has sido su amiga durante años, sabes que le tiene miedo al agua! —gritó furiosamente, mientras sus acciones se intensificaban y su semblante feroz insinuaba que si algo le pasaba a Jimena, ella también tendría que enfrentar las consecuencias.

La simple frase -amiga durante años- la condenó directamente.

Los ojos de Mariana se fueron humedeciendo y una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla; en ese instante, el sonido de su corazón roto resonaba claramente en sus oídos.

Era difícil imaginar que el hombre frente a ella que la estaba maltratando por otra mujer era su marido.

Había amado a Walter Guzmán durante cuatro años y se había casado con él durante tres.

Hace tres años, cuando se enteró de que podía casarse con Walter, nadie podría haber imaginado lo feliz que estaba.

Pero sólo tras casarse se dio cuenta de que su madre, Abril Sánchez, se había opuesto firmemente a que su verdadero amor, Jimena López, se casara con él, y de que ella no era más que un peón para poder mantener a esa mujer a su lado.

Cuando Jimena cayó a la piscina, todos corrieron a ayudarla, mostrando inquietud a su alrededor.

En cambio, cuando a Mariana pasó lo mismo, nadie se preocupó por ella y casi se ahoga en la fría piscina.

Él recordaba que Jimena le tenía miedo al agua, pero olvidaba que ella también le tenía miedo.

Sólo de pensar que su matrimonio, que había mantenido con tanto esfuerzo, era sólo una fachada, Mariana no pudo evitar reír.

Al verla sentada en el sofá riéndose, el desdén y la indiferencia en los ojos de Walter se profundizaron aún más. —¡Eres una loca!

Sí, ella estaba loca.

Para poder casarse con Walter, había desobedecido a su padre una y otra vez, había dejado a la familia Chávez en un estado de caos, y había roto relaciones con su familia, lo que llevó a que su padre enfermara y fuera hospitalizado.

Su padre le había dicho que casarse con un hombre que no la amaba sería un sufrimiento, que no encontraría la felicidad.

Pero ella ingenuamente creía que si Walter quería casarse con ella, eso era lo máximo de su reconocimiento hacia ella y que su amor eventualmente derretiría su corazón.

Ella juró a su padre que tenía confianza en ese matrimonio y que no perdería.

Pero lamentablemente, estaba equivocada...

Una persona que no te ama tiene un corazón de piedra, incluso tu respiración le resulta molesta.

Si ganaba o perdía no era algo que ella pudiera decidir, sino que dependía de Walter.

Riiin, riiin...

El celular de Walter sonó de repente, y tan pronto como vio el nombre en la pantalla, su expresión de ira se desvaneció.

En la tranquila sala de estar, Mariana pudo escuchar vagamente la voz delicada de una mujer al otro lado de la línea.

Walter bajó los ojos, tomó su saco de traje y respondió con un tono carente de ira, sólo lleno de ternura. —Está bien, no tengas miedo. Iré enseguida.

Mariana contuvo la respiración por un momento.

Después de colgar, él la fulminó con la mirada enojada y salió sin mirar atrás.

—Walter —habló Mariana con voz ronca, tratando de retenerlo incluso un segundo—, también tengo miedo al agua.

Walter no detuvo sus pasos, simplemente encontrándola ridícula.

Jimena le tenía miedo al agua porque cuando lo secuestraron ese año, saltó al mar para salvarlo y se quedó traumatizada.

¿Y ella, quien tenía hasta una certificación de buceo, decía que le tenía miedo al agua?

¿Mariana pensaba que de esa manera, él la amaría?

¡Era una completa fantasía!

Mariana lo observaba abrir la puerta, mientras las lágrimas comenzaban a brotar. Recordar aquellos años en los que nunca fue la elección firme de Walter la hacía sentir un dolor tan profundo como si le estuvieran arrancando el corazón.

Usó todas sus fuerzas y, con los ojos rojos, le preguntó: —¿En estos siete años, no me has amado ni un poco?

Se veía bastante lastimosa; incluso en ese momento, aún estaba imaginando que Walter tenía algún tipo de sentimiento por ella.

Finalmente, él se volteó para mirarla y se rio burlonamente, seguido por una interminable humillación hacia Mariana.

—¿Te atreves a hablarme de amor? Mariana, ahórrate tus lamentos baratos para ti misma, ¡me dan asco! —espetó Walter, cuyos ojos estaba lleno de ira. Cada palabra suya era como un cuchillo, cortando despiadadamente el corazón de Mariana.

Sabiendo que él tenía a alguien con la que quería casarse, ¿ella aún había hecho todo lo posible por quedarse con él, y eso era su llamado amor?

Mariana apretó el ruedo de su ropa con tanta fuerza, que sus dedos se pusieron blancos. En ese instante, no pudo evitar recordar las palabras de su amiga Yolanda Solís: —Mariana, eres una joven adinerada y hay tanta gente que te quiere. ¿Por qué insistir en casarte con Walter?

Ella misma no lo sabía.

Quizás fue porque cuando tenía diecisiete años y estaba siendo intimidada, él la protegió poniéndose delante de ella y dijo: —Mari, no tengas miedo.

Pero sólo ahora Mariana sabía que eso era nada más que una consolación que él podría decirle a cualquiera.

Ella cerró los ojos, permitiendo que las lágrimas bajaran por sus mejillas. Su corazón se estaba entumeciendo gradualmente, hasta el punto que ya no sabía cómo se sentía el dolor.

En esos tres años, lo había experimentado demasiadas veces, y todo eso provenía de la persona que más amaba, ¡Walter!

A sus ojos, ¡ella no era más que una mujer malvada, despiadada y venenosa, que intentaba deshacerse de la mujer que él amaba!

Fueron siete años, tiempo suficiente como para que hasta un perro hubiera movido la cola hacia ella.

Sin embargo, no podía ganar ni un ápice de confianza de Walter.

En lugar de torturarse mutuamente, sería mejor terminarlo todo cuanto antes.

No quería seguir soportando ese matrimonio que lo asqueaba, ni un segundo más.

Mariana se secó las lágrimas, sus hermosos ojos miraron hacia su figura y dijo con calma: —Walter, vamos a divorciarnos.

Walter, vamos a divorciarnos...

El hombre se detuvo en seco, se giró y su vista, donde cruzó una fugaz sorpresa, se posó en Mariana.

De repente, su corazón pareció ser jalado por algo y no pudo creer que esas palabras habían salido de Mariana.

Durante esos tres años, siempre había estado representando el papel de una buena esposa, manteniendo con cuidado su matrimonio.

Independientemente de las cosas crueles que le hubiera soltado, ella nunca había mencionado el divorcio.

Entonces, ¿qué estaba tramado ahora?

Walter tragó saliva ligeramente, frunciendo el ceño, y advirtió en voz fría: —Mariana, deja de jugar sucio. ¡Date prisa y ve al hospital a disculparte con Jimena!

Mariana se mordió los labios y, en ese momento, todas sus esperanzas se disiparon.

Dejó de lado su debilidad y, por primera vez, habló con él con puyas y un tono sumamente impasible: —Dije que quiero divorciarme, ¿no entiendes?

Walter se quedó atónito por su estallido, y no pudo evitar entrecerrar los ojos.

Ella estaba de pie junto al sofá, tan cerca de él, pero parecía que entre ambos se extendía un abismo que no podían superar.

Walter sintió que no la había observado bien en mucho tiempo.

Había perdido algo de peso y ya no lucía como la chica radiante y bonita que era antes de casarse con él; ahora parecía bastante apagada.

La ciudad de Yacuanagua en mayo aún no había entrado oficialmente en verano; después de caer en la piscina y quedar un buen rato en el agua fría, ahora estaba temblando, completamente desaliñada.

En estado de trance, los pensamientos de Walter retrocedieron a su juventud.

Mariana era la hija mimada de la familia Chávez, una excelente pianista y casi todos los hombres de la ciudad estaba enamorada de ella.

Pero ella sólo lo quería a él, incluso amenazando con casarse con él.

En aquel entonces, Abril estaba enferma, y Mariana, una joven dama que nunca se había manchado las manos, aprendió a cocinar y masajear, cuidándola exigente con mucho esmero.

Para ser honesto, en esos tiempos no odiaba a Mariana y hasta aceptó el hecho de que ella quería casarse con él.

¿Cuándo lo cambió todo?

¿Fue cuando él persistió en casarse con Jimena, o fue cuando Mariana se esforzó tanto por casar con él?

Walter frunció los labios y, bajando la voz, dijo: —Mariana, no voy a consentirte.

En teoría, debería estar feliz de que ella quisiera divorciarse.

Pero no sabía por qué, al mirar su rostro, sintió un nudo en su corazón.

—¿Estás segura de querer divorciarte? —preguntó Walter, mirándola y por primera vez le pareció tan extraña.

¿Estaba realmente dispuesta a renunciar al matrimonio por el que había trabajado tan duro para obtenerlo?

El hombre vestido con traje, de cuerpo alto y delgado. Era muy apuesto, especialmente con esos ojos negros y profundos y los párpados delgados que lo hacían parecer despiadado pero extremadamente atractivo.

Fue precisamente esa cara la que dejó a Mariana tan obsesionada con él.

Con el fin de poder preservar ese matrimonio, ella aguantó su actitud distante una y otra vez, así como la presencia de Jimena. Se consideraba digna de esa relación, pero un matrimonio era una elección de dos personas, no sólo el asunto de ella misma.

No quería seguir siendo una marioneta en ese matrimonio, ni un obstáculo a esa pareja enamorada.

—Sí, estoy más que segura —replicó Mariana, con una sonrisa cálida en su rostro.

Al escuchar eso, Walter casi olvida cómo respirar por un momento, fue ejerciendo más fuerza sobre el abrigo y una inexplicable irritación volvió a brotar en su corazón.

—Walter, te he amado durante siete años, y ahora admito que perdí —. Mariana ahogó sus lágrimas y reprimió el dolor dentro de ella, manteniendo una sonrisa gentil.

Ella había perdido, no pudo obtener a Walter ni hacer que su corazón se derritiera.

Antes, estuvo reacia a admitir que podría perder, pero ahora tenía que hacerlo.

Ante sus palabras, el estado de ánimo de Walter se volvió especialmente sombrío.

—Como quieras.

Después de todo, Mariana solía hacer pataletas y, tras unos días sin prestarle atención, actuaría como si nada hubiera pasado.

Con un ruido sordo, la puerta se cerró de golpe.

Mariana se desmoronó en el sofá, riendo amargamente.

Debería despertarse del sueño de siete años sobre Walter.

Luego de un tiempo de silencio, sacó su celular y marcó un número...
Capítulos gratis disponibles en la App >
capítulo anteriorcapítulo siguiente

Capítulos relacionados

Último capítulo