Hadya estaba a punto de agradecerle a su misterioso salvador, pero cuando se dio la vuelta y vio que era Mariana, la gratitud en su rostro se desvaneció como si se la hubiera llevado el viento, desapareciendo sin dejar rastro.
Mariana, por su parte, la observaba en silencio; entre ese grupo de mujeres ricas, su belleza destacaba como una estrella en el cielo nocturno, y su vestimenta reflejaba una elegancia impecable.
Hadya parecía tener una especial predilección por la ropa de estilo chino, ya