Mariana se enfureció tanto que hasta soltó una risa. Al parecer, sólo los inútiles intentan controlar la vida y la muerte de otros.
—Está bien, inténtalo —dijo, su rostro mostrando una calma glacial.
—¿Me estás amenazando? —el hombre abrió los ojos de par en par, mirando fijamente a Mariana, respirando con dificultad mientras preguntaba— ¿Crees que no me atrevo?
La mujer en el suelo luchó por levantarse y se aferró a la pierna del hombre, negando con desesperación.
—Doctora, gracias, pero... no