Apenas se hubo ido Walter, Mariana y el hombre salieron de la habitación.
—Quiero comer hotpot. Tú invitas —dijo el hombre con una voz profunda y magnética.
Mariana aceptó sin dudarlo: —¡Claro! Lo que tú quieras comer, yo te complazco.
—Por cierto, ¿qué opinas de lo que te mencioné? —preguntó el hombre.
Ella sonrió con nerviosismo y se tocó la nariz, ya que en realidad no había pensado en ello...
El hombre, al ver su reacción, puso los ojos en blanco y le dio un suave toque en la frente.
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Wal