—Escuché a tu abuela decir que hace medio año él ya se quejaba de dolor en el corazón. Pero era sólo ocasional, así que no le dimos mucha importancia... —respondió Tobías, con un leve temblor en su voz.
—Ya casi llego, ya casi...
La mente de Mariana quedó en blanco. Ella, que era una doctora dedicada a salvar vidas, se sentía como una niña indefensa ante la enfermedad de su propio abuelo.
—¡Walter, rápido! —lo apuró.
Walter la miró y vio que sus ojos estaban rojos, llenos de lágrimas que amenaza